
Amelie Mauresmo recibía en Roland Garros a Aryna Sabalenka y le indicaba que su perro, Ash, tenía acceso a todas las zonas del recinto. La número uno mundial no era la única que se presentó en París con su mascota. Al club se unieron Anastasia Potapova (Jackie), Anna Kalinskaya (Bella), Mirra Andreeva (Rassy) y Marta Kostyuk (Mander y Cheech). En el cuadro masculino, Zizou Bergs no se separa de Copain y Alexander Zverev presentó en sociedad a su perro salchicha, Mishka, en la celebración del título del Abierto galo.
Toda la cortesía de la Federación Francesa de Tenis es ahora una prohibición en Wimbledon, el tercer grande del curso y que tiene sus propias reglas, seas quien seas.
Ninguno de los siete animales acreditados en Roland Garros tiene pase para entrar en el exclusivo All England Club, un centro en el que sus 500 socios son muy celosos de su intimidad y en el que está prohibido realizar vídeos.
Muchas jugadoras lloran el hecho de no poder estar acompañadas por sus mascotas. No es el caso de Paula Badosa, que reconoce que los perros no son lo suyo.
Siempre digo que me gustan los perros, pero lejos de mí; tuve una mala experiencia de niña
"Siempre digo que me gustan los perros, pero que estén lejos porque me dan miedo. Tuve una mala experiencia de niña. Cuando están cerca de mí me da como una especie de ataque al corazón. Sé que tengo amigas con perros y lo siento por ellas, pero, al mismo tiempo, estoy contenta de que no se permita su presencia en Wimbledon", reflexiona.