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'El extraterrestre revive' titulaba Josu Garai en su crónica de MARCA el 12 de julio de 1994. No era para menos. Bergerac vuelve a ser final de etapa en el Tour y es imposible no recordar la exhibición que el mejor ciclista español de la historia, Miguel Indurain, firmó en la ciudad del departamento de Dordoña.
Como no fue contra el crono y resultó acabando en una reivindicación para la historia. Indurain era la referencia absoluta en contrarreloj, pero venía de hacer cuarto en Follonica sobre un trazado de 44 kilómetros en el que se terminó imponiendo Evgeni Berzin y en el que también le superaron Gianni Bugno y Armand de las Cuevas. Una actuación que muchos apuntan fue un símbolo de debilidad en un Giro en el que terminó tercero tras Berzin y Pantani.
Un calor que "fundía las ruedas en las curvas"
Llegó el Tour y, en la primera batalla individual contra el crono, Miguelón firmó una de sus actuaciones más legendarias sobre la cabra. Salió a machacar. Volando a unos estratosféricos 50,539 km/h, arrasó a todos sus rivales para enfundarse un maillot amarillo que ya no soltaría hasta los Campos Elíseos de París. Era la novena etapa y la jornada planteaba un desafío que hoy suena a prehistoria: 64 kilómetros llanos de pura agonía en solitario.
Miguel no hizo prisioneros bajo un sol de justicia que derretía la carretera. “El asfalto estaba fundido, las ruedas se agarraban en las curvas”, recordaría después el gigante navarro tras imponer su ley. El líder del Banesto completó una escabechina histórica: dobló a Armand de las Cuevas —que había salido cuatro minutos antes— y le metió 4:22" en la línea de meta. Tony Rominger, su gran rival, cedió dos minutos tras pinchar, mientras que el resto de los favoritos entraron directamente en la dimensión de los aniquilados: Ugrumov perdió 6:04", Chiappucci se dejó 8:04", Zülle se fue a los 9:03", Pantani a más de diez minutos y Bugno recibió un correctivo de 10:38".
Ventajas siderales que permitieron a Indurain afrontar Pirineos y Alpes con una ventaja amplia y obligando a sus rivales a tener que atacar con todo lo que ello suponía.
"Indurain ha sido Tirano en la tierra de Cyrano, ha sido el Tirano de Bergerac”, sentenció un eufórico José Miguel Echávarri tras presenciar el recital de su mejor pupilo. Oro puro en la historia del ciclismo español.