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Un grupo de amigos ingleses viajaron al Mundial y les gustó tanto lo que encontraron que se quedaron.
Toribio Blanco Subdirector
1986. Margaret Thatcher , La Dama de Hierro , gobernaba en un Reino Unido deprimido por una crisis económica profunda y casi sistémica. Se acercaba el verano, y, como cada cuatro años, un nuevo Mundial de fútbol. Esta vez se celebraba en México, un país que, en esa época sin móviles ni internet, resultaba exótico y desconocido para cualquier joven currante del Black Country , una de las zonas más intensamente industrializadas y golpeadas de Inglaterra . Cuatro de ellos, fans de los Wolves , pensaron: “Ir a un Mundial sería lo más increíble del mundo”. Se las ingeniaron, legal e ilegalmente, para reunir el dinero y lograr su sueño. Y les gustó tanto lo que encontraron, que nunca más volvieron.
Birmingham , y casi cualquier población industrial del Reino Unido, era una mina de hooligans con un futuro desesperanzador. Garry Hardwicke, Gary Allen, Stuart Bates y David Arnold eran de muy cerca, de Stourbridge , “un lugar realmente duro”. “Pelear era casi un pasatiempos. Y nosotros éramos muy buenos en ello”, recuerda Bates en el documental ‘ Lost Down Mexico Way ’, algo así como ‘ Perdidos por México ’, que puede verse en YouTube y recoge su historia.
La salida al "sueño" del Mundial
Problemas judiciales, desempleo y mala vida eran innegociables. Un callejón sin salida, hasta que apareció el Mundial. Hardwicke le dijo a su mujer que iba a por leche. “No sabía que iba a desaparecer por 12 años”, recuerda Allen, para quien fue muy duro despedirse de su novia, con quien convivía. Todos sentían que era un adiós más que un hasta luego. Y volaron a Monterrey.
“Cuando llegamos, alguien preguntó: ‘¿Alguien sabe qué idioma hablan aquí?’. Literalmente nadie lo sabía”, rememora Arnold. Cada uno se alojó donde pudo en la enorme, desfasada y baratísima Monterrey, sólo acordaron un lugar de encuentro. Antes del móvil era la manera de quedar: sitio y hora.
En México, fue todo fiesta y desenfreno. Miles de fans ingleses abarrotaban Monterrey y se agrupaban según su procedencia, los del norte, los de Londres, etc. El Bar Frontera , “un auténtico antro”, fue en el que se apretaban los fans de los Wolves. “A la gente de Monterrey le encantábamos. Nunca habían visto ingleses. Nunca habían visto nada parecido. No era Acapulco, donde iban los turistas ricos en aquella época. Era el México auténtico”, recuerda Allen, que destaca que “las chicas iban detrás de nosotros constantemente”. Tuvieron problemas, por ir sin camiseta y beber cerveza en la calle. Lo ‘normal’ en Inglaterra era ilegal en México.
El mal inicio de Inglaterra
Inglaterra arrancó con derrota contra Portugal y empate ante Marruecos . “La moral estaba por los suelos. Fue una pesadilla. Pensábamos que nos íbamos a casa. En aquella época nadie había oído hablar de los jugadores portugueses”, opina Allen.
“Jugamos un fútbol muy aburrido. Creo que el calor les pasó factura y fue un partido horrible”, añade. Tanto, que los seguidores ingleses empezaron a bajarse los pantalones y mostrarles el trasero a la afición local. “Y al día siguiente los periódicos publicaban las fotos. Les parecía divertidísimo todas las tonterías y locuras que hacíamos”, explica.
“Después de dos partidos, necesitábamos un descanso. Nos fuimos a Texas a tomar un poco de sol”, añade Allen. Bates reconoce que “me encantó South Padre ”, una isla paradisiaca y casi virgen en Estados Unidos pero a pocos kilómetros de Monterrey. Por primera vez pensaron en quedarse.
Argentina y el destino
Llegó el tercer partido, ante Polonia . “Durante los primeros diez minutos pensamos: ‘Ya estamos otra vez’. Pero, de repente, nos hicimos con el control del partido y empezamos a encadenar una ocasión tras otra. Al final acabamos ganando 3-0” , explica Arnold. Después repitieron resultado ante Paraguay , ya en Ciudad de México . Y llegó Argentina en semifinales, con Maradona, y su mano de Dios: “Todos sabían que era mano, menos el árbitro”.
“Era el destino de Maradona ganar aquella Copa del Mundo ”, opina Allen. Al salir “se desató el infierno” con peleas entre aficiones, más que rivales por el conflicto de las Malvinas. Hardwicke ‘cayó’ de un puente, fracturándose la cabeza, piernas y brazos. Se quedó hospitalizado muchas semanas. “A mí me clavaron un asta de bandera en la pierna, por la punta. Me atravesó la espinilla. Todavía hoy tengo un agujero en la tibia”, explica Allen. La policía y el ejército lograron poner orden.
Sin Mundial y sin Hardwicke, viajaron a Cancún y Belize . Por problemas para volver a México decidieron volar a Dallas , a Estados Unidos, y allí se quedaron para siempre. Trabajo, dinero, un acento atractivo y muchas oportunidades. “Todo era 10 veces mejor que lo que teníamos en Stourbridge, aunque la echo de menos más de lo que creía”, reconoce Allen, empresario actualmente retirado en Atlanta , justo donde 40 años después se enfrenta Inglaterra en semifinales del Mundial precisamente a Argentina, esta vez con Leo Messi . Caprichos del destino
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