
Seve Ballesteros, referencia permanente de Jon Rahm en cada uno de sus objetivos, debió estar muy orgulloso desde arriba del penúltimo golpe del de Barrika en la tercera jornada del British Open, en la que firmó el par del campo, 70 golpes.
El español, que ha perdido seis kilos en los últimos ocho meses, tuvo que jugar de rodillas para sacar la bola del bunker de la izquierda del green en el que había caído con el segundo golpe. La pegó con maestría y dejó la bola a un metro del hoyo.
"No está fácil. Fue duro empezar como empecé, pero los siguientes 17 hoyos bien, pero no conseguí meter un putt, aunque tampoco me fabriqué opciones claras de verdad. Me faltó tener esa racha de dos o tres birdies seguidos, que te dé ritmo. Después del fallo del 1, me propuse estar en el tee del 6 al par y lo he hecho", contó luego.
Jon no pierde la esperanza. "No diría que estoy regalando golpes, pero los márgenes son pequeños. Va a haber que hacer pocas mañana, aunque viene bastante viento. Todo es el comienzo. Si empiezas tres o cuatro bajo par, que se puede, es posible".
Agradeció el compartir partido con Fleetwood y dio las gracias de que la final del Mundial no fuera un Inglaterra-España. "Me habrían acribillado los tres días", bromeó. "Yo que tengo buen inglés no les entiendo nada. Y si han bebido, menos. Si no gano yo, me gustaría que fuera Tommy".