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Decían que Tadej Pogacar estaba acabando con el ciclismo. Que ganaba demasiado, que atacaba demasiado pronto, que sonreía demasiado después de destrozar a sus rivales. Una auténtica irresponsabilidad. Al parecer, lo correcto sería administrar ventajas, esconderse durante tres semanas y resolver el Tour con una calculadora en la mano. Eso sí que haría vibrar a la gente.
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